lunes, 18 de noviembre de 2019

solo la mitad

Sorprenderse a estas alturas de la vida, suena complicado, parece que lo extraordinario ya ocurrió, y lo novedoso ya no existe; y en caso de que se presente, siempre le sucede a otra persona, no a ti. Caminar siempre aferrada a una bandera, me dio fuerza, argumentos, una razón de vida, la negatividad es mi motor, o lo era, ya no lo sé, aunque me gustaría que lo sea en un futuro, de preferencia después de escribir esta nota. Siempre amargada y negativa, así camine cada día, cada evento y con cada persona que conocí, nunca tuve dudas, el vaso siempre era medio vacío, pero todo bien, sin dramas ni lágrimas, incluso antes de ver el vaso,  sabía que estaba vacío o medio vacío, sin falla, así la rutina se convirtió en paz, nada de sobresaltos, caminaba por una linea sin mayor problema que seguir caminando.

Incluso en esta última aventura, tenía certeza de la situación,  nada de futuro, nada de planes, solo  respirar cada día, así transcurre bien mi vida, goteando, sin asustarme, todo  controlado. Por un instante sentí esa desesperación que me hizo recordar, pero no sabía que existía, así que en parte no siento culpa por olvidar o por no reconocerlo, simplemente pensé que podía ser un  vaso que se llenaba,  me llegué a sentir incluso delirante con respecto a esta idea, aún así, la dejé crecer y enredarse entre mis pensamientos, hice planes y calculé posibilidades. Pero la ruina estaba en esos cálculos, las matemáticas jamás fueron una fortaleza en mí; así que todo estuvo errado. Jamás hubo un nosotros, ni un futuro, y siempre lo supe, lo que no me impidió creer de forma paralela que si podía ser, no se como sucedió, como escaparon esas ilusiones de mi vigilancia, ahora no puedo desaparecerlas, no se donde esta su raíz y me están complicando el camino.

Dijiste las palabras mágicas y algo muy dentro de mi, las escucho y las usó como abono para esas esperanzas, hoy tengo rabia de no saber donde estoy parada, de verme  al espejo y observar la imbecilidad de mis sentimientos, juzgar mi atrevimiento. Se que no soy yo, nunca seré yo, nunca tendré el vaso medio lleno, pero también entendí por que nunca lo consideré  como posibilidad, hoy se refuerza mi condición para vivir en el polo negativo. No me queda el papel de víctima, o quizá solo de mi misma, víctima de mi propia torpeza y la audacia de creer en lo imposible. Nunca seré yo, siempre será alguien más. Lo único bueno es que regreso a mi camino lineal, ahí donde puedo vivir sin sobresaltos ni dolor. Necesito un tatuaje que me recuerde, para mi el vaso siempre está  vacío, siempre vacío...